La Patriada

Assadourian muestra dos planos de una Córdoba insospechada: una cultura mítica unida a la experiencia de los hombres, y otra dictada por las instituciones. Abre y desgrana la quieta superficie provinciana. Separa terrones de su historia, siente la variedad de la forma, la espesura entre los espacios. y nos descubre indefensos en la enajenación histórica. Muestra la superficie; en la penumbra del claroscuro hace serpentear una idea que no es reveladora sino perturbadora. Una inquieta niebla cubre la realidad de sus cuentos, pero desde la ventana de su propia libertad promete eternidad a sus personajes. el escritor que hay en Alberto Assadourian forcejea por pasar de la realidad de un tiempo anterior, a la del lector. busca la clave de esa palabra en las mudas culturas de un pueblo que aún no es dueño de su futuro.

Comentario de la Profesora María Luisa Cresta de Leguizamón al presentar el libro La Patriada (1993): “Córdoba tiene una capacidad productiva en literatura que es necesario mirar y leer con mucha atención. No con un sentido regionalista (…) sino como cultura en general. En el caso de Alberto Assadourian, a través de su obra viene a gozar de un diálogo. Pone un sello muy importante como creador al saber mirar a su propio alrededor, sabiendo percibir lo que está ocurriendo en cada vivencia de su medio. Curiosamente, Juan Rulfo pudo hacer el milagro de universalizar lo que era típicamente regional, de su propia experiencia de mexicano. Transforma en verosímil todo lo que él toca con la palabra. Un concepto de realismo que he aplicado para la lectura de Alberto Assadourian, tomado del crítico francés Jean Marie Girarde, señala que la condición misma de la creción de toda producción auténtica no significa la fidelidad a los objetos representados para reproducirlos tal cual son, afincados en la realidad como una fotografía. Sino que siguen siendo realidad traspasada a un estado de ficcionalización donde partiendo de esa realidad se la reelabora nuevamente, se le agregan o quitan algunos elementos, pero la realidad sobrevive y es lo que se trasmite en esencia en el libro. Creo que Alberto Assadourian ha sabido transformar lo que es anecdótico en importante, lo que es figuradamente misterioso en algo que se aprehende como un conocimiento, como un saber; y tal vez constituya el mensaje de su forma de percibir la historia, los hechos. Nosotros aquí nos enfrentamos con creencias, con mitos, con picardías, con decires. La literatura tiene que ser goce que uno trasmite. Eso he sentido en la obra de Alberto Assadourian”.

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